Margile Freites
Terapeuta y asesora
La medicina nació conmigo. Desde muy pequeña sentía una profunda curiosidad por comprender cómo funcionaba el cuerpo humano y el de todos los seres vivos. Me maravillaba su complejidad y jugaba a ser médica mucho antes de saber que aquella fascinación se convertiría en mi profesión. Con los años, esa curiosidad creció y estudiar Medicina fue la confirmación de una vocación que siempre había formado parte de mí.
Sin embargo, durante el ejercicio profesional comencé a sentir que, aun ofreciendo todos mis conocimientos médicos, existía una dimensión de la persona que no estaba siendo suficientemente abordada.
La dinámica hospitalaria y la atención en emergencias muchas veces convierten la práctica médica en un sistema atravesado por tiempos, protocolos y burocracia. Aunque comprendo la importancia de esos procedimientos, para mí siempre fue fundamental recordar que cada persona es única y que no existen dos maneras idénticas de vivir un síntoma o una enfermedad.
Durante mi experiencia en Medicina Interna y hospitalización pude percibir el profundo trasfondo emocional que atravesaban muchos pacientes. Veía sus miedos, sus pérdidas, sus historias y aquello que no siempre podían expresar con palabras. Sin embargo, el contexto asistencial pocas veces permitía detenerse a escuchar e integrar esa dimensión dentro de la consulta. Yo sentía que faltaba algo, aunque todavía no sabía exactamente qué era.
Mi encuentro con la Descodificación Biológica surgió a partir de un síntoma propio: un dolor de muela que se repetía desde hacía mucho tiempo. Una odontóloga, con enorme calidez y generosidad, me habló por primera vez de este enfoque. Así conocí el instituto que cambió mi forma de entender el cuerpo por completo, poco después de iniciar el diplomado, tuve una sesión con la maravillosa Dra. Pauli Ferrari y todo lo que experimenté allí tuvo un sentido tan profundo para mí que se consolidó mi nueva manera de entender el cuerpo.
La formación fue mucho más que la incorporación de nuevos conocimientos: fue encontrar la pieza que sentía ausente en mi manera de comprender al ser humano. La Descodificación Biológica amplió mi mirada, llenó mi corazón y me permitió integrar mi formación médica con una comprensión más sensible de la historia, las emociones y la manera particular en que cada persona vive aquello que le sucede.
Hoy formo parte del equipo como asesora, un rol que me permite seguir aprendiendo, compartiendo y acompañando a otros en este camino que, para mí, es un verdadero camino de ida.
Mi vínculo especial con la piel nació mientras buscaba una nueva dirección profesional y comencé a formarme en Medicina Estética. Allí comprendí que no era suficiente observar únicamente la apariencia: quería conocer la piel en profundidad.
La piel habla, transmite, protege, siente y nos representa. Es nuestra frontera y, al mismo tiempo, nuestro principal órgano de contacto con el mundo. Recubre todo nuestro cuerpo y muchas veces expresa aquello que no hemos podido reconocer o comunicar de otra manera.
Deseo que cada persona se sienta contenida, escuchada y comprendida; que pueda disminuir el miedo que muchas veces aparece frente a un diagnóstico y comenzar a relacionarse consigo misma desde un lugar más amoroso y consciente.
Mi propósito es ayudar a que quienes llegan a una sesión conmigo puedan comprenderse, amarse y vivir con mayor paz. Porque cuando dejamos de mirar al cuerpo como un enemigo y comenzamos a escucharlo con curiosidad y respeto, también puede cambiar nuestra manera de transitar la vida.
Para mí, acompañar es ayudar a transformar el miedo ante un diagnóstico en comprensión, y la lucha contra el cuerpo en una oportunidad para escucharse, conocerse y amarse.
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